¡Ay de ti! Pescador sin red.
Sin barco, puerto, ni oficio,
Que surcas el mar violento
Profundo, como el olvido.
Afrontas la tempestad,
Con la desnudez de un niño
Que rompe en amargo llanto
Clamando que siente frío
Y no consigues consuelo
Zozobra cruel tu destino,
En las crestas de las olas
De ese mar embravecido
Resiste, ponle tesón
Nunca te rindas: Mi amigo
Ya llegarán buenos tiempos
Bajo un cielo diamantino.
Eduardo Abel
Condor

