miércoles, 23 de julio de 2008

LA MUERTE DEL POETA (SONETO)



Centrada en aposento, negra caja.
De alpaca era la cruz en cabecera.
Cubriendo el frío cuerpo, la postrera
y blanca palidez de la mortaja.

Algunos asistentes, en voz baja,
susurran cualquier tema, a la ligera.
Algunos se acomodan a la espera,
y otros que se van, porque no encajan.

Los blancos muros, mudos, son testigos.
Parten raudos los restos a destino,
a la hora indicada en la saeta.

Y en corta caravana, los amigos,
preceden, van mostrando el camino,
a la última morada del poeta.

Eduardo Abel
Condor

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